lunes, 18 de febrero de 2013

¿Inconcebible?


Ha llegado el gran día, ese día en el que TheGirlBehindTheSmile se dispone a resolver una duda existencial para los hombres y algo obvio para las mujeres. Esa duda que mantiene en vilo y horroriza a los chicos; esa contra la que las chicas simplemente responden: me tenía que lavar el pelo... 

¿Por qué tardamos tanto en la ducha? Como buena mujer sabe tomamos el tiempo suficiente para disfrutar de nuestro momento del día, bien sea por la mañana o por la noche ESE es nuestro momento y que nadie se atreva a arruinarlo. 

Dentro de este complicado proceso podemos dividir entre dos clases de mujeres: las que ponen música y las que no. Si tu novia/pareja/compañera de piso/etc es de las primeras olvida el hecho de entrar en el baño en al menos una hora, de lo contrario en unos cuarenta y cinco minutos el baño es todo tuyo.

Deberíamos empezar explicando que para aquellas que ponemos música una ducha es algo mas que el simple acto de asearse, durante este tiempo puedes ser quien tu quieras y cantar todo lo alto que te apetezca porque “nadie te oye” y “lo haces de  maravilla”.

Primer paso: decidirse, levantarse del sofá/silla, dejar lo que estés haciendo y entrar en el
baño al mismo tiempo que estudias tu estado de ánimo y eliges la música que vas a berrear ahí dentro. Es más difícil de lo que parece, sino das con las música (cosa que a veces pasa) puede ser uno de los pasos más largos.

Segundo paso: desvestirse mientras observas tu cuerpo (probablemente una de las cosas que mas odiamos) bajo esa luz del baño que permite ver claramente todos y cada uno de nuestros defectos.

Tercer paso: una vez dentro regulamos el agua y comenzamos a mojar nuestro cuerpo al tiempo que respiramos: por fin relajadas y la canción perfecta esta sonando.

Cuarto paso: simple y ruidoso, cantar esa canción a todo pulmón. 

Quinto paso: empezamos con los mil y un productos que están por toda la ducha: geles, champús, suavizantes, mascarillas, exfoliantes.. Enjabonar, aclarar, enjabonar, aclarar... Parece que nunca termina, pero tenemos que usar todos y cada uno de ellos, ya que nos los han recomendado y vienen genial para estar divinas. Es aquí cuando la persona que está fuera esperando comienza a desesperarse y tú solo puedes calmar la tensión con un “ya estoy acabando”, pero no se hacen idea de lo que queda aún.

Sexto paso: dejamos que el agua bien caliente de con fuerza en nuestros hombros y cuello mientras lo movemos suavemente, creyendo que así vamos a conseguir eliminar alguno de los nudos que tenemos...

Séptimo paso: ahí fuera hace demasiado frío como para salir así, sin más. Por lo que, como si no hubiéramos tenido suficiente seguimos con el chorro de agua caliente durante unos minutos.. Hay que asimilar lo que nos espera ahí fuera.

Octavo paso: salimos, nos secamos y nos volvemos a mirar en el espejo; parece menos de lo que en realidad es.

Finalmente noveno, último y uno de los pasos más duros, que con suerte, si la chica que está ahí dentro es algo “dejada” (véase mi caso) te puedes ahorrar.. Llega la hora de las lociones, ahí lo dejo.

Y así es como en “tan solo” nueve pasos resuelvo eso que para algunos es inconcebible.


EGM

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